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Maximiliano de Habsburgo

Fernando Maximiliano de Habsburgo

(1832-1867)

Nació el 6 de julio de 1832 en el palacio de Schonbrunn, Viena. Hijo de los Archiduques Francisco Carlos y Sofía, y hermano de Francisco José, Emperador de Austria-Hungría. Las ambiciones imperialistas de Napoleón III lo llevaron a intervenir trágicamente, en la política de México. Maximiliano, creyendo contar con el apoyo del pueblo, aceptó el trono de México que le ofrecieron los conservadores, entre quienes se encontraba el general Juan Nepomuceno Almonte, hijo del generalísimo José María Morelos y Pavón.

Durante los primeros días de marzo de 1864, en París, Maximiliano aceptó los compromisos que se iban a estipular en el Convenio de Miramar. Entre otros, la renuncia a sus derechos a la corona de Austria. Igualmente, para contar con el apoyo del ejército francés, contrajo con Napoleón III una obligación de 500 millones de pesos mexicanos. La llamada Junta de Notables o Regencia de México, por unanimidad, había ofrecido la corona a Maximiliano, asegurándole que contaba con el apoyo del pueblo.

Maximiliano llegó al puerto de Veracruz el 28 de mayo de 1864 entre el júbilo y algarabía de los conservadores. La travesía a la Ciudad de México le ofreció un panorama distinto: un país herido por la guerra y profundamente dividido en sus convicciones. Al llegar a la ciudad escogió el Castillo de Chapultepec como residencia y mandó trazar un camino que le conectase a la ciudad (el actual Paseo de la Reforma). Como el emperador y la emperatriz no podían tener hijos (Maximiliano había enfermado de sífilis en su expedición a Brasil) decidieron adoptar los nietos de Agustín de Iturbide, el primer emperador mexicano.

Muy poco disfrutó Maximiliano del apoyo conservador. Siendo un hombre de convicciones liberales, miembro de la masonería y en México del Rito escocés antiguo y aceptado, se interesó muy pronto por el programa de los republicanos y adoptó algunas medidas tendientes a la reconciliación y acordes con sus ideales, como el reparto de las tierras, la libertad de culto y el derecho al voto de los desposeídos, lo cuál causó un profundo descontento entre las filas conservadoras. Los liberales vieron los cambios con simpatía pero su cúpula, encabezada por el presidente Benito Juárez, permanecía firme en su intento por derrotar a la monarquía, a las tropas francesas que le apoyaban y en su deseo de regresar a un régimen nacional y republicano, inspirado en el modelo estadounidense.

Al final los cambios políticos a nivel internacional repercutieron en el Imperio Mexicano. Los Estados Unidos que durante la mayor parte del tiempo había estado librando una guerra civil entre los estados del norte y los del sur había conseguido la paz y estaba listo para apoyar el gobierno republicano de Juárez, cuyo gobierno firmó en veracruz el 14 de diciembre de 1859 el Tratado Mac Lane-Ocampo, en que se ofrecieron derechos de paso al ejército norteamericano a perpetuidad sobre Baja California, parte de Sonora y el Istmo de Tehuantepec. Napoleón III, por su parte, enfrentaba serias amenazas en Europa y requería que sus tropas regresaran al país galo. Con el apoyo económico de los estadounidenses a la facción republicana y sin el apoyo francés ni conservador en el país, poco le quedaba por hacer a Maximiliano. Decidió enfrentar las consecuencias y desoyendo los consejos que le sugerían regresar a Austria ofreció su abdicación a las tropas del Presidente Juárez.

Tras un juicio en ausencia celebrado en el teatro municipal por un coronel y seis capitanes, sin derecho a apelaciones y con base en un interrogatorio que en su mayor parte el Emperador se negó a contestar, se le condenó a muerte. Murió fusilado en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro el 19 de junio de 1867. Sus restos fueron depositados al año siguiente en la Cripta Imperial de la Iglesia de los Capuchinos, en Viena.

Hernán Cortés | Porfirio Diaz.

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